Cómo acompañar a alguien que está mal sin intentar arreglar lo que siente

Cuando alguien que queremos está triste, enfadado o bloqueado, es muy normal que aparezca una necesidad inmediata: hacer algo para que se encuentre mejor.
Buscamos la frase adecuada, intentamos tranquilizarle o recurrimos a expresiones como “no pienses así”, “todo va a ir bien” o “intenta animarte”.
Lo hacemos con buena intención. Ver sufrir a alguien que nos importa también nos remueve.
Pero acompañar emocionalmente no siempre consiste en conseguir que la emoción desaparezca.
No tienes que encontrar la frase perfecta
A veces lo que más necesita una persona no es una solución, sino sentir que puede estar mal delante de alguien sin tener que justificarse.
Escuchar, quedarse cerca y aceptar que ese momento forma parte de su proceso puede ser mucho más valioso que intentar cambiar rápidamente cómo se siente.
Podemos confundir acompañar con arreglar. Sin embargo, tristeza, miedo, enfado o frustración no son emociones que tengamos que borrar inmediatamente.
Acompañar también puede ser decir:
“Estoy aquí.”
“Entiendo que esto te esté afectando.”
“¿Qué necesitas ahora?”
“¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?”
Son preguntas sencillas, pero dejan espacio para que sea la propia persona quien diga qué necesita.
A veces queremos calmar nuestra propia incomodidad
Cuando alguien llora o se muestra muy afectado, sus emociones también despiertan algo en nosotros.
Podemos sentir impotencia, nervios, miedo a decir algo incorrecto o dificultad para permanecer delante del dolor.
Por eso, a veces intentamos tranquilizar al otro no solo para ayudarle, sino porque necesitamos que deje de sentirse mal para poder sentirnos nosotros más tranquilos.
Reconocerlo no significa que estemos haciendo algo terrible. Simplemente nos ayuda a relacionarnos con las emociones de una manera más consciente.
Acompañar es permitir que la emoción exista

Podemos estar presentes sin tener todas las respuestas.
Podemos escuchar sin juzgar, preguntar antes de aconsejar y respetar que quizá esa persona necesite tiempo.
Y también podemos aprender a convivir mejor con nuestras propias emociones para sentirnos más seguros cuando aparecen las de los demás.
Si te cuesta gestionar lo que sientes, o las emociones de las personas que tienes cerca te generan mucho malestar, la terapia puede ayudarte a desarrollar una forma más segura y tranquila de relacionarte emocionalmente.
En Sanar y Reconectar podemos acompañarte a comprender mejor tus emociones, tus relaciones y tu manera de estar presente para quienes te rodean.
Porque a veces cuidar no significa solucionar.
Significa quedarse.




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