top of page

Inseguridad corporal en la playa: cómo acompañar sin juzgar ni presionar

  • infoboadilla
  • 6 ago
  • 2 min de lectura

Actualizado: 10 ago

Mujer adulta pensativa en la playa con ropa ligera por inseguridad corporal

Para muchas personas, ir a la playa significa descansar, refrescarse y disfrutar del verano. Pero para otras puede convertirse en uno de los momentos más incómodos del año.

Quizá alguien llegue con más ropa que el resto, evite bañarse, permanezca sentado o busque cualquier excusa para no quitarse la camiseta. Desde fuera puede parecer que tiene calor, que no quiere participar o que está exagerando. Sin embargo, detrás de esa conducta puede haber una lucha que no vemos.


No siempre es falta de ganas

Cuando una persona siente inseguridad corporal en la playa, una situación aparentemente sencilla puede generar una gran tensión.


Puede pensar que todo el mundo la está mirando, compararse constantemente, anticipar comentarios o sentir que su cuerpo queda demasiado expuesto. A veces no necesita que ocurra nada desagradable: el miedo a que ocurra ya es suficiente para impedirle disfrutar.


Por eso, evitar la playa o no querer bañarse no siempre significa que la persona sea antipática, aburrida o poco sociable. Tal vez está intentando protegerse de una situación que le resulta difícil.


Cada mirada puede pesar más de lo que imaginamos

La incomodidad con la propia imagen no siempre se aprecia desde fuera.

Una persona puede sonreír, conversar y aparentar tranquilidad mientras está muy pendiente de cómo se coloca la ropa, de qué postura adopta o de si alguien observa determinadas partes de su cuerpo.


Frases aparentemente inocentes como «quítate eso, que hace mucho calor», «nadie te está mirando» o «no tienes ningún motivo para sentirte así» pueden aumentar su malestar. Aunque se digan con buena intención, transmiten la idea de que debería reaccionar de otra manera.


No necesita que la convenzan de que su inseguridad es irracional. Necesita sentir que sus límites son respetados.


Cómo acompañar sin presionar

Acompañar puede ser mucho más sencillo de lo que creemos.


Podemos evitar hacer comentarios sobre su cuerpo, no insistir en que se quite la ropa y permitir que decida si quiere bañarse. También podemos proponer planes que no giren únicamente alrededor de enseñar el cuerpo o entrar en el agua.


A veces ayuda decir:

«No tienes que hacer nada que te haga sentir incómodo».
«Podemos quedarnos aquí juntos».
«No necesitas explicármelo si no quieres».

Respetar no significa reforzar el miedo para siempre. Significa ofrecer seguridad suficiente para que la persona pueda avanzar a su ritmo, sin sentirse observada ni obligada.

Dos amigas adultas acompañándose con respeto durante un día de playa

Cuando el malestar empieza a limitar tu vida

Es normal sentir inseguridad corporal en algunos momentos. Pero conviene prestar atención cuando el miedo al juicio empieza a condicionar la ropa, los planes sociales, las relaciones, la alimentación o la forma de vivir el verano.


La terapia puede ayudar a comprender de dónde viene ese malestar, revisar la relación con el cuerpo y aprender a afrontar estas situaciones con menos miedo y exigencia.


En Sanar y Reconectar trabajamos con adultos y adolescentes en dificultades relacionadas con la autoestima, la ansiedad, la imagen corporal y la relación con la comida. Nuestro centro se encuentra en Boadilla del Monte y ofrece terapia para adultos, población infantojuvenil, parejas y familias.


No hace falta esperar a que el problema ocupe toda tu vida para pedir ayuda.

Tu cuerpo no tiene que cumplir unas condiciones determinadas para que puedas participar, descansar o sentirte acompañado.



Comentarios


bottom of page
G-2EJMEG7HXZ