Empezar terapia también puede dar vértigo
- Sanar Reconectar
- 26 jul
- 5 min de lectura
Actualizado: hace 3 días

Empezar a ir a terapia puede generar muchas emociones que pueden llegar a resultarte confusas. Alivio, esperanza, nervios, dudas… e incluso miedo.
Quizá llevas tiempo pensando en pedir ayuda, pero hay algo que te frena. No sabes muy bien qué contar, te preocupa no encontrar las palabras adecuadas o te preguntas si lo que te ocurre es realmente “lo bastante importante” como para acudir a terapia.
También puede aparecer una idea muy habitual:
“Debería poder resolverlo por mi cuenta”.
Sin embargo, sentir inseguridad antes de comenzar un proceso terapéutico es completamente normal. Dar el primer paso no significa que tengas todo claro. Tampoco significa que hayas llegado a tu límite.
A veces solo significa que has decidido empezar a escucharte.
Para empezar terapia no necesitas saber por dónde empezar
Muchas personas llegan a su primera sesión diciendo:
“No sé por dónde empezar”.
Y está bien.
No necesitas preparar un discurso, ordenar perfectamente lo que sientes ni encontrar una explicación para todo lo que te ocurre. Parte del trabajo terapéutico consiste precisamente en ir poniendo palabras, poco a poco, a aquello que todavía resulta confuso.
Quizá no puedas identificar exactamente qué te pasa, pero sí sabes que llevas un tiempo más cansado, irritable o desconectado. Tal vez notes que algo te pesa, aunque aparentemente todo siga funcionando con normalidad.
Puedes continuar cumpliendo con tus responsabilidades, trabajando, cuidando de otras personas y manteniendo tus rutinas mientras, por dentro, sientes que cada vez te cuesta más.
No hace falta esperar a que la situación se vuelva insoportable para empezar una terapia psicológica.
Cuando hablar de lo que duele lo vuelve más visible
En ocasiones, las primeras sesiones pueden remover emociones. Al hablar de una experiencia dolorosa, un miedo o una preocupación, es posible sentir que aquello ocupa más espacio que antes.
Esto no significa necesariamente que estés empeorando.
Muchas veces, lo que ocurre es que has dejado de esconder o minimizar lo que sientes. Algo que llevaba mucho tiempo guardado comienza a hacerse visible.
Mirar de frente una emoción puede resultar incómodo, pero también permite empezar a comprenderla. La terapia ofrece un espacio seguro en el que acercarte a lo que te sucede sin prisas, sin juicios y con el acompañamiento de un profesional.
No se trata de obligarte a hablar de algo para lo que todavía no estás preparado. Se trata de avanzar respetando tu ritmo y tus límites.

Quizá has normalizado demasiado
A veces nos acostumbramos a vivir de una determinada manera y dejamos de cuestionarnos cuánto esfuerzo nos está costando.
Podemos llegar a normalizar situaciones como:
Aguantar más de lo que podemos.
Anteponer siempre las necesidades de los demás.
Callarnos para evitar conflictos.
Exigirnos constantemente.
Sentir culpa cuando descansamos.
Hacer como si no pasara nada.
Pensar que pedir ayuda es molestar.
Creer que nuestro malestar no es tan importante.
Cuando estas dinámicas se mantienen durante mucho tiempo, pueden empezar a afectar a nuestra autoestima, nuestras relaciones e incluso a nuestro bienestar emocional.
Acudir a terapia permite observar esos patrones con mayor claridad y comprender de dónde vienen. No para culparte por haberlos mantenido, sino para encontrar formas más amables de relacionarte contigo y con los demás.
La terapia no consiste en recibir instrucciones para vivir
Una duda frecuente antes de empezar terapia es pensar que el psicólogo va a decirte qué decisiones debes tomar. Pero la terapia no consiste en recibir un manual de instrucciones ni en que otra persona elija por ti.
El objetivo es ayudarte a comprender mejor lo que sientes, identificar tus necesidades y desarrollar herramientas para afrontar las dificultades.
El profesional te acompaña, plantea preguntas, aporta estrategias y te ofrece una perspectiva diferente, pero las decisiones continúan siendo tuyas.
La terapia puede ayudarte a escucharte sin juzgarte, a entender tus emociones y a reconocer qué necesitas en cada momento.
No busca convertirte en otra persona. Busca que puedas vivir de una forma más coherente contigo.
Ir a terapia no significa que no puedas solo
Pedir ayuda no es una señal de debilidad.
Las personas somos capaces de afrontar muchas situaciones por nuestra cuenta, pero eso no significa que tengamos que hacerlo todo en soledad. Hay cargas que se vuelven más llevaderas cuando podemos compartirlas en un espacio seguro.
Acudir a terapia es reconocer que algo necesita atención. Es permitirte recibir acompañamiento y dejar de sostener en silencio aquello que te está haciendo daño.
De la misma manera que buscamos ayuda profesional cuando sentimos un dolor físico, también podemos hacerlo cuando atravesamos una dificultad emocional.
No necesitas demostrar que puedes con todo.
¿Cuándo puede ser un buen momento para empezar terapia?
No existe un único motivo válido para acudir al psicólogo. Cada persona llega con una historia y unas necesidades diferentes.
Puede ser un buen momento para plantearte empezar una terapia si:
Sientes que una situación te sobrepasa.
Llevas tiempo con ansiedad, tristeza o irritabilidad.
Te cuesta poner límites.
Algunas de tus relaciones te generan malestar.
Estás atravesando un duelo, una separación o un cambio importante.
Te exiges demasiado y nunca sientes que sea suficiente.
Te cuesta descansar o desconectar.
Quieres comprenderte mejor.
Necesitas un espacio en el que poder hablar sin sentirte juzgado.
También puedes acudir a terapia aunque no exista una crisis concreta. El deseo de conocerte, mejorar tu bienestar o aprender nuevas herramientas ya es un motivo válido.
El primer paso también puede darse despacio
Empezar terapia no significa tener que cambiarlo todo de repente.
Puedes comenzar simplemente buscando información, realizando una primera llamada o reservando una sesión para conocer al profesional. Después, podrás decidir cómo continuar.
No necesitas estar completamente seguro ni sentirte preparado al cien por cien. En muchas ocasiones, la seguridad aparece después de haber dado el primer paso, no antes.
Puedes hacerlo con dudas. Puedes hacerlo con miedo. Puedes hacerlo sin saber todavía cómo explicar lo que te pasa.
Y, sobre todo, puedes hacerlo a tu ritmo.
Estamos para acompañarte
En Sanar y Reconectar, en Boadilla del Monte, acompañamos a personas y familias en diferentes momentos y etapas de la vida. Puedes conocer cómo trabajamos en psicología infantil si te preocupa el bienestar emocional o el comportamiento de tu hijo; en psicología para adolescentes si está atravesando dificultades emocionales, familiares, sociales o académicas; o en psicología para adultos si eres tú quien necesita apoyo para afrontar ansiedad, estrés, autoestima, duelo, relaciones u otras situaciones personales.
También ofrecemos terapia de pareja para aquellas relaciones que necesitan mejorar su comunicación, afrontar una crisis o recuperar la conexión, y terapia familiar cuando las dificultades afectan a la convivencia, la comunicación o las relaciones entre distintos miembros de la familia.
Dar el primer paso no significa saber exactamente hacia dónde vas. A veces significa simplemente dejar de recorrer el camino en soledad.




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